miércoles, 27 de julio de 2011

Capítulo 2.b

-Usted, Anna, lleva la marca del anillo que, tras cuatro años de feliz o infeliz matrimonio, suele quedar, pero él no, de modo que, o no suele llevarlo demasiado o no le suele dar el sol pero trabajando de empresario supongo que sí debería llevarlo al descubierto; por eso en cuanto usted mencionó lo de su matrimonio, salió a por el anillo.
-¿Cómo sabes en qué trabajo?
-Sé que una casa así valdría una gran suma de dinero y que o te ha tocado la lotería, lo cual excluyo por improbable, o ganas mucho dinero.
-También me lo ha podido dejar un familiar en herencia.
-No es una zona donde viva alguien mayor que dejar en herencia, dado que estadísticamente sólo las personas mayores son las que hacen el testamento.
El hombre no dijo más.
-Otra prueba es que hoy no se ha duchado en casa, por lo que en cuanto ha venido se ha echado toda la colonia que pudo para tapar el otro aroma [nunca funciona, no lo intentes], conozco el gel que ha mencionado y no es al que huele.
-¿Has venido a mi casa a insultarme? –preguntó el marido enfadado [normal, estaba a punto de destrozar su matrimonio]-
-Mmm… No, he venido a darle una carta a su hija y a salvar a su mujer de pasar más tiempo con un cabronazo como usted, pero no se preocupe, no lo perseguiré [porque no sabía dónde iría].
-Sólo tienes eso, que ni siquiera puedes llamar pruebas –se aferró a lo último que pudo [que graciosos resultan en esos momentos]-.
-Creo que no.
Saqué del bolsillo una cosa: dos entradas de cine con una nota.
-¿Ahora me vas a pedir para salir? –preguntó irónicamente [o eso espero]-.
-Yo no, pero la rubia que lo espera abajo con el Seat rojo creo que sí; o eso, o es taquillera del cine y está descansando en el portal. Elija la opción que más le guste.
La mujer cogió la nota y la leyó para sí, sin dejársela ver a su marido [no te preocupes, yo la leí mientras subía a su casa y te la escribiré: “Lo de anoche estuvo genial, Marc. Eres uno de los pocos solteros atractivos que quedan por el mundo y me gustaría aprovechar la suerte que he tenido al encontrarte intentando llegar a algo contigo. Un beso, Clarice.”].
No dije más, dejé la carta en la mesa y los perdí de vista con una sonrisa maliciosa mientras oía los gritos y golpes de las sillas y los electrodomésticos. De repente, entró Lucy y le relaté brevemente que yo era la persona a la que le había llegado la carta que tiene en la cocina.
-¿Sabes por qué se están peleando mis padres?
-Mmm… Por una nueva amiga de tu madre, entra y pregunta por “Clarice” –dije guiñándole un ojo y saliendo por la puerta-.
Bajé al portal, le expliqué el matrimonio fantasma de Marc a la chica rubia y se ofreció a llevarme a casa. Lo rechacé amablemente y se fue en su coche. Yo me puse los cascos [tengo una amiga; sí, tengo más de una, sorprendente, ¿verdad? que me obliga a decir “auriculares”, pero ella no tiene por qué enterarse de que lo sigo diciendo] y me fui a casa siguiendo las farolas.

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